Niña bella

Niña bella

miércoles, 26 de enero de 2022

Hasta más allá de la muerte...(Prosa)


HASTA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Inocentes seres de paz, dañados por el hombre tantas veces.  Tienen una luz que abarca hasta atravesar nuestras almas. Son maestros en humildad y nobleza. El hombre mucho tiene que aprender de los perros.

Estos seres dotados de gran inteligencia, son visionarios, que ven lo que muchas veces nosotros no podemos ver; con sus ladridos benignos nos advierten de presencias oscuras, de incluso personas que esconden maldad con el disfraz de una sonrisa falsa e hipócrita.

Y las perritas en especial son muy maternales, muy tiernas, capaces de heroísmos por sus cachorros. ¡Cuántas mujeres hoy en día arrancan con crueldad a sus hijos de sus entrañas! Y estas inocentes perritas son un gran ejemplo para la humanidad cada vez más carente de valores.
  
Benditos sean los perros, fieles amigos hasta más allá de la muerte, que nos aman incondicionalmente, ellos no saben de rencores ni venganzas, ellos son seres espirituales, que han llegado a esta tierra con una gran misión, la de ayudar al hombre a saber lo que es dar el verdadero AMOR.

INGRID ZETTERBERG

 

lunes, 17 de enero de 2022

Agonía de un amor


 


AGONÍA DE UN AMOR


Entré en la casona vieja, estaba deshabitada. Sus muebles cubiertos por sábanas polvorientas me hablaban de tu ausencia. Entré ataviada con mi blanco vestido en el afán de esperarte. Hacía dos horas que me habías enviado un mensaje a mi teléfono: "Aguárdame en la casa donde nos conocimos." Decías escuetamente.

Cinco años han transcurrido desde que mis ojos se posaron en los tuyos, y quedamos enlazados para siempre. Un lustro de inviernos y veranos que transcurrieron entre nuestras citas y paseos, siempre juntos, aferrados de las manos, pero hoy un vago presentimiento me dice que no vendrás...Hace tan sólo un mes tuvimos un desacuerdo, un enojo poco frecuente, que nos distanció. Y pensando en ello me he puesto a contemplar en esta tarde, un gran ventanal, por donde se vislumbra el desmayar de las hojas de este otoño. Paisaje que aumenta el dolor de tu ausencia. Me he vestido para ti, y traje un ramo de claveles para nuestra reconciliación. Pero ya han pasado tres horas y no apareces, mi angustia empieza a crecer.

El vaivén de un arbusto a través de los cristales le habla a mi tristeza, sus hojas breves, macilentas y ocres, sus desnudas ramas, todo parece verter un llanto noble, que me acompaña y enluta el crepúsculo.

De pronto suena mi teléfono, y un escalofrío me recorre la espalda cuando escucho la voz de una mujer, mi corazón se apresura, mientras ella pregunta mi nombre, yo le contesto afirmativamente, y ella me explica que es la enfermera del Hospital San Bartolomé...Y que hay un herido de gravedad que sufrió un accidente, y él le dio mi número antes de perder el conocimiento.
No puedo escuchar más...Se nubla todo a mi alrededor, corro hacia la calle; atrás queda la ventana que un día nos conoció, húmeda por el aliento otoñal, mientras en el piso agonizan los claveles de mi esperanza.

INGRID ZETTERBERG




La noticia




 LA NOTICIA


Lo leí en las noticias: "Esta mañana fue hallado el cadáver de un reconocido vate...En el interior de un dédalo cercado por altos arbustos, parecía tratarse de un execrable crimen, a juzgar por los dos orificios de bala que le fueron encontrados en el tórax, a la altura del corazón, donde curiosamente tenía tatuada una mariposa monarca. Hay consternación el el ambiente literario,
mientras las investigaciones prosiguen." 

No lo podía creer, yo conocí en persona a este gran poeta, el periódico cayó de mis manos, en tanto que venían a mi memoria algunos de sus famosos poemas...Y por un instante me pareció que flotaba en mi estancia la suave esencia de sus loados versos.

INGRID ZETTERBERG

Carta de Adelaida



 CARTA DE ADELAIDA


Te escribo en mi soledad, ya sin esperanza. No espero que respondas esta misiva, el crepúsculo me ahoga de añoranzas mientras mi bolígrafo se desliza febrilmente ente húmedas hojas de lágrimas.
Alguien me contó que estabas enfermo, que yacías en una cama de hospital; y yo aquí, a millas de distancia sin el alimento de tus miradas, sin el silencio de nuestros besos.

¡Y no saber! si estas letras llegarán a tus manos. Aunque la luz del atardecer entra a raudales, casi ya no puedo ver, porque mis ojos nublados por el dolor, empañan mi carta.  Quiero tu vida para mi vida, quiero un milagro en este ocaso de mal; que te dejen esas fiebres que fatigan tu cuerpo, que tu sanación me haga concebir ilusiones nuevas.
Amado, quiero que vuelvas. Haz un esfuerzo y contéstame cuanto antes, que tu silencio es mi agonía.

INGRID ZETTERBERG



viernes, 14 de enero de 2022

Breves líneas a mi amado

 BREVES LÍNEAS A MI AMADO


Amado mío, déjame recordar la mañana aquella...¡Cómo susurraba la lluvia, y anunciaba en su misterio que tu alma y la mía, estaban a punto de enlazarse!
¡Ah! tu mirada me venció en aquel invierno lejano. ¿Cómo olvidar los rizos castaños que jugueteaban en tu nuca? ¿Cómo echar al olvido tu acento? Te observaba nervioso, inquieto, y sentía tus ojos profundos que rasgaban el velo de mis secretos. 

¡Ah! juventud de dos que se amaron a escondidas, esos éramos tú y yo, nuestras citas en aquella esquina, cada tarde, se convirtieron en mi razón de ser. Yo guardaba en mi viejo armario algunas de tus ropas, "tus vestones" (como tú los llamabas) estaban impregnados  del aroma de tu piel, ¡ah, tu fragancia! llenaba mis horas y era mi delirio, cuando me quedaba a solas. Solía aspirar tus ropas, como quien aspira flores. Así te he amado, desde el amanecer de mis días. ¿Dónde escapó el amor de juventud? ¿Dónde se quedó el ruido de tus pasos que alborotaron mis sentidos? Tú llegabas, y había fiesta en mi faz, mis lágrimas brotaban por ti.

Han pasado 40 años desde aquella mañana santiaguina, y aún te guardo como una estampita en nuestra estancia. Con tu andar cansado rodeas mi alma, y a Dios le pido que la vida nunca nos separe.

INGRID ZETTERBERG

Dedicado a un amor que murió hace muchos años.
De mi Libro "Por los bosques del silencio"


miércoles, 5 de enero de 2022

Te amé desde entonces...(Prosa basada en un sueño)



 TE AMÉ DESDE ENTONCES

(Prosa basada en un sueño)

Rodó la luna ¡Impresionante escena! y el firmamento quedó quieto ante tu magna hermosura, y en un hexágono inmenso de oro puro y transparente te vi bajar del alto cielo. Te erguías como un Rey, todo vestido de oro refulgente y tu belleza caló en mi ser. Te miré anonadada entre mariposas blancas y flores que brotaron de mis cabellos, se adormeció mi alma ante tu voz potente. Pues un mensaje me trajiste en tu divino acento.

Aquel hexágono flotaba y no tocaba el suelo, mientras tú me hablabas en la oscura noche, mi centinela, mi Dueño. Y con mis ojos cerrados te amé desde entonces entre pétalos rosados. Sentí que un temor profundo me invadió, y sólo atiné a decirte: "Haz conmigo como bien quieras mi Príncipe". Cuando desperté, aún resonaba tu voz profunda dentro de mi pecho. Desde entonces sé que te amo. Que somos uno, que ya nada podrá separarnos. Tienes atada mi alma con cintas de oro. Todo te obedece. Hasta la luna fue un juguete en tus manos. Jamás lo olvidaré.

INGRID ZETTERBERG

(Esta prosa es basada en un sueño espiritual y muy real que yo tuve con mi amadísimo Señor Jesús.)

Europa de mis amores

 EUROPA DE MIS AMORES


Europa, pedacito de cielo donde habitan aún sus huellas. Quiero elevarme en las alturas, hasta con mi alma alcanzarte. Europa, melodía del pasado que me llegó en una guitarra, que ahora yace quieta. Dime que he de volver por tus calles empedradas, dime que tus farolas alumbrarán mi tristeza como antaño. Europa de mis amores, eres un cántico, eres un sol de Abril debajo de un vetusto balcón.

Dile que lo añoro a él, que anhelo ir tras de sus pisadas que dejó en la senda. Espérame Europa, que aún no he hurgado en tus aguas, que aún me falta beber de tus antiguas fuentes. España, París, Venecia, denme un poco de vida. Quiero nacer de nuevo en la calle Moreto inundada de sol, allá en un rincón de Madrid. Espera, aún me quedan mis horas para entregarte. Dile al que amo que llego pronto, con aquellas flores azules, las que engalanaban su casa.

Europa del alma mía, aún quiero tu leche hospitalaria. Y la glorieta aquella cercana al cementerio del pueblo, que guarda celosamente las cenizas del que amo.

INGRID ZETTERBERG



martes, 4 de enero de 2022

Cuento "Una oscura navidad"

 UNA OSCURA NAVIDAD

Hace algunos años había un hombre elaborando en un oscuro rincón, tarjetas navideñas con papel crepé.  En su rostro había tristeza, y cada vez que terminaba de hacer una postal, la iba pegando en una alta y gastada muralla.

Había mucho bullicio en aquel lugar, un gran patio lleno de voces y rechinar de sombrías rejas. Se trataba de un penal.

De pronto hizo su aparición otro hombre, que se diferenciaba de los demás: Venía disfrazado de "Papá Noel", y aunque a carcajadas se reía, tenía la mirada lejana y muy triste. 

Afuera de la atestada cárcel, aunque lloviera o el sol castigara con inclemencia, formaban largas filas las mujeres. Eran esposas, hijas y madres, y casi todas llevaban un niño lloroso en los brazos; otras tenían a inquietos chiquillos tomados de la mano. Había fatiga en sus pequeños rostros, había hambre y sed.

Al día siguiente sería la nochebuena para muchos presos injustamente encarcelados. Estarían en penumbra, lejos del hogar. Pero ese día era tarde de fiesta; habría chocolatada y panetón en el penal. 

De pronto se inició un show navideño, y un ambiente de villancicos nostálgicos, flotaba en derredor.  Los niños que iban llegando se ilusionaban y formaban rueda a un árbol de pino, que los presos días antes se habían afanado en armar. Alegrías inventadas por las manos laboriosas y cansadas de esperar.

Se sirvieron de pronto en bandejas de plástico, vasos llenos de chocolate tibio, y una tajada de bizcochuelo para todas las madres y niños. La tarde iba transcurriendo con tranquilidad.

Al día siguiente correrían lágrimas de ancianas madres, y jóvenes esposas, por aquel asiento que estaría vacío un año más. Había terminado la tarde, y el tiempo de visita se iba acabando.

Luego un ministro de Dios en el centro del patio elevó una oración. Todos inclinaron la cabeza y se santiguaron en silencio. Después vino el momento más doloroso: La despedida tras las rejas, y los últimos besos con sabor a sal, y un ¡Feliz Navidad, mi amor! Y unas manitos pequeñas que querían asirse de papá, y es que los niños no entendían porque su padre se quedaba y ellos llorando se iban. 

Después, ni un susurro invadió el penal. Solamente el acostumbrado sonido de los gruesos llaveros en las oxidadas cerraduras. Pronto anocheció, y a lo largo de los corredores a veces un sollozo ahogado de algún presidiario, llenaba el silencio...

INGRID ZETTERBERG



Me rindo ante ti

 ME RINDO ANTE TI


Pajarito manso, humilde y taciturno, tus colores
celebran la vida desde que te posaste ante mis 
ojos. Venías de lejanas auroras con tu suavidad
turquesa y el púrpura de tu vuelo...Oh belleza 
impregnada en mis pensamientos, que se han tornado
en un arco iris al contemplar tu hermosura.

¿Porqué huyes? di...
¿Porqué no me regalas tu cantar sobre mis latidos?
Llevas en tu plenitud un misterio que no puedo
descifrar, colibrí...Llevas lo fugaz de la 
existencia en la brevedad de tus alas, llevas la 
grandeza del Dios que venero, y yo me rindo ante ti.

INGRID ZETTERBERG



viernes, 31 de diciembre de 2021

Te confieso

 


TE CONFIESO


Tú eres mi paz en las madrugadas en que 
me pierdo a mi misma, y ya no sé quien soy.
Amado de mi alma, ¡cuánto apaciguas mis
angustias de hembra solitaria! Y vienes
tan manso y humilde a llenarme de tu esencia,
de tu perfume dulce y amaderado, en el que
yo me consumo, enamorada.

Luego lentamente nos desnudamos y quedamos
así, tiernamente abrazados. Y yo te adoro,
cuando me lloras por amor, ¡ay, si la gente
supiera que ambos hemos llorado de placer, 
uno en brazos del otro! ¡Si los demás 
supieran que tu bebes de mi fuente ansioso 
y sediento! y que yo te arrullo como a un 
hijo, porque ya formas parte de mí, ¡oh
pedacito de mis entrañas!

Hoy hemos quedado grabados en un lienzo 
de pureza...cual un mosaico de tonalidades 
rosadas y lilas, nadie sabe nada de nosotros,
pero nos conoce el universo, que nos envuelve
y nos regala la dicha de amarnos en esta
forma espiritual, como pocos se han amado
en la tierra.

Quiero viajar contigo más allá del sol, 
donde ya nada pueda herirnos. Y juntos 
atravesar aquel túnel hasta llegar a la luz;
y todo esto te confieso mientras en tu 
hombro viril voy derramando mis lágrimas.

INGRID ZETTERBERG

jueves, 30 de diciembre de 2021

De turismo en Salzburgo

 


DE TURISMO EN SALZBURGO


¡Qué suntuoso es este castillo al que he
llegado! Tuve que atravesar una trocha 
para aligerar mis pasos y así poder llegar a 
la hermosa estancia donde vivieron aquellos
príncipes de antaño.

Está en lo alto de una colina, en la ciudad
de Salzburgo. Pude observar que todo
está decorado con alfombras de color
añil, que hacen contraste con el bello
y dorado juego de lámparas que penden del
techo. Éramos varios turistas que 
contemplábamos extasiados el lujo que 
ostentaban las cortinas y sus exquisitos
bordados.  Los salones, los dormitorios,
todo era impecable, como si por ellos no
hubieran pasado dos siglos de antigüedad.

Al llegar a los hermosos jardines, las
fuentes vertiendo agua tornasol, nos 
produjo tal frenesí, tal delirio, que 
no pudimos disimularlo. Con la belleza
de aquel vergel, todos estábamos encantados.
Las flores perfumaban el atardecer, y fueron
horas recorriendo cada rincón de aquel 
inmenso palacio, hasta que se nos hizo de
noche, y al salir, el infinito cielo de 
muchas estrellas estaba tachonado. Ese
castillo en Salzburgo jamás podré olvidarlo.

INGRID ZETTERBERG




¿Habrá esperanza aún?

  Habrá esperanza aún



¿HABRÁ ESPERANZA AÚN?

♥♥♥♥♥♥♥

Amado hogar, donde se posó mi vida para recibir tus dones. Nieves silenciosas cuajadas en los pinos. Blancos bosques majestuosos. Espiga solitaria que en su quietud me habla. Valles extensos de sol y pájaros que cantan su tristeza en un amanecer perfecto, donde el rocío viaja de flor en flor; dejando sus diamantes cristalinos sobre la hierba.

Dejando su manto de amor ¡oh tierra protectora! madre que nos acunas, que nos das del manantial de tus aguas para beber. Aún quedan playas para retozar en el turquesa de sus transparentes olas. Aún se elevan los árboles rosados en las primaveras inmutables, como el silencio de Dios. Las montañas imponentes rodean las praderas; mientras un tímido riachuelo se abre paso entre la maleza y va susurrando que aún hay luz para las almas que aman esta tierra, para los hombres de paz que luchan para mantener la fauna.

Que aún hay esperanza mientras se alcen voces de protesta contra la tala de árboles; contra la caza de hermosas especies en peligro de extinción. Amado hogar, puntito azul en el vasto universo, el Creador te sostiene en la palma de su mano, mas tu destino es incierto por la humana ambición. Sólo del hombre depende que se sanen tus abiertas heridas.






Dos odres nuevos

  Dos odres nuevos


DOS ODRES NUEVOS

♥♥♥♥♥♥♥

Amado, hoy viene a mí tu voz. Y ninguna palabra dicha en tu acento, sonará mejor en otra boca. "Cerro San Cristóbal" dijiste, y el Santa Lucía que recorrí con tus ojos. Tu calle pobre, de árboles enjutos, de lodo y piedra en Conchalí, donde corrió tu infancia de cometas y espadas de alambre, hechas por tus manos. Solías decirme que siempre llevabas alfajores en los bolsillos. Esposo mío, tus palabras vuelven a mi recuerdo con el tinte puro de tu tierra. Mas si aún te espero, ¿porqué te has ido? ¿En qué oscuro momento pusiste mi piel temprana en olvido? ¿y no te acordaste que atardeció bajo el contacto de tus manos?

¿En qué oscura fracción de segundo tocaste la desconocida puerta, que te encadenó a la distancia? Fue un engaño de tus sentidos, que lastimó nuestras vidas. Mas hoy, en que tus miradas lavadas por las lágrimas, se han tornado balsámicas para mis antiguas heridas; yo te espero. Me estoy formando para ti en un molde nuevo. Como tú, odre viejo, desmenuzado al sol y tallado en nueva forma por las manos maestras del Eterno.


Año 2,001


A escondidas

  A escondidas

A ESCONDIDAS



Anoche, al pasar por tu cuarto, creí que estabas dormido. La luz estaba apagada, y se habían callado las risas. De pronto, me llegó al oído una dulce canción de adolescente.

♥♥♥♥♥♥♥
Tú no sabías que yo te estaba escuchando, y tarareabas casi timidamente, una suave musiquita alegre. Comprendí entonces, que yo estaba muy lejos de ti; y que un largo camino nos separaba. Nunca me dijiste que alguna canción te gustara, y te la guardaste muy dentro, para cantársela a la noche y al silencio.

♥♥♥♥♥♥♥
Mientras tus hermanos ya estaban dormidos, tú llenabas mi alma de sentimiento, cantando a escondidas y muy quedo, tu primera canción de adolescencia.



Dedicado a mi amado hijo Raphael, en 1,985, cuando tenía 12 años de edad.

El payaso

 

L PAYASO




Había en la plaza del pueblo un pequeño circo de tercera, 
a donde tantos domingos fuimos mi hermana y yo al caer 
la tarde.

Dos monitos que saltaban la cuerda mirando asustados las 
luces y el gentío, nunca sabré porqué me llenaban de tristeza.
Había también actuaciones de magia en un colorido de 
indecibles fantasías que contemplábamos con ojos de
inocente sorpresa.

Luego entre actos aparecía un payaso haciendo mil muecas
y cabriolas; pequeño y enjuto, parecía perderse en su ropaje
multicolor; y a pesar de sus risas sonoras, tras su máscara
pintada se adivinaban secretas lágrimas.

Un día en una voltereta se le cayó en la arena la hirsuta
peluca roja, dejando al descubierto una cabeza calva, surcada
horriblemente de grotescas cicatrices.
El pobre payasito en su afán por disimular se acomodaba 
la peluca con una torpe alegría triste que nunca podré olvidar.

Sólo después pude saber, que antes de hacerse payaso había
perdido a su esposa y a su hijito en un voraz incendio que le 
robó la felicidad.

INGRID ZETTERBERG

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Caminos del ayer

 



CAMINOS DEL AYER


Ángel mío, te observo mientras juegas con esas
pistolas de papel, y esas naves espaciales, haciendo
ruidos con tu boca, conversando con invisibles amigos,
en ese mundo donde yo no puedo entrar.
¡Quién como tú mi niño!, que aún puedes dejar vagar
tu mente por esos caminos, donde nada es imposible,
por los que mis sueños ya no pueden regresar.


Y yo quisiera que me lleves de tu mano, por ese
mundo que ya he olvidado. Ángel mío, sigue jugando
mientras no despiertes de tu infancia, que yo en
mi prosa haré inmortal el encanto de tus nueve años.


INGRID ZETTERBERG


1,985


Dedicado a mi amado hijo Favio

A tus doce años

  


A TUS DOCE AÑOS

Año 1,985

Hijo mío, aún tienes rostro de niño, a pesar de ese
bozo que descubrí ayer sobre tus labios. Tus manos,
(nunca del todo limpias) sostienen todavía un trocito de plastelina mientras duermes. Tu lupa está sobre la
mesa de noche, con la que agrandas a tu antojo los insectos, las hojas quemadas del otoño; y hasta tus huellas digitales.

Sobre el escritorio, "tu chequera", en la que escribes imaginarias sumas,con la que juegas a ser hombre.
Y a tu lado la ventana, por donde tu niñez se va escapando cada día. Mañana, al partir para el colegio, quizás me digas con tu voz que ya va para hombrecito: -"Mamá, prepárame un pastel de chocolate.-" Y con tu mochila a la espalda, repleta de desordenados cuadernos, saldrás corriendo porque se hace tarde.

Y yo estaré feliz a tu regreso, porque puedo decirte aún que te laves las manos; porque habrás de dormirte cada noche bajo las caricias de mis miradas. Pero un mañana muy lejano todavía, que habrá de llegar dentro de un instante, me dirás muy serio: -"Adiós mamá,no sé cuando vuelva, quizás pronto, no te preocupes por mí." Y ya no trotarás como un potrillo, te irás pausado y seguro a encontrarte con la vida. Y yo sé que algo en mí no volverá jamás a vivir; y me preguntaré si todo lo que he hecho lo hice bien, o si en algo te he dañado.

Y de todos estos años, que se están yendo no sé a donde, ...¡Irrecuperables!, quizás sólo me quede aquel poquito de dientes de leche, y algunos juguetes viejos que guardo en un rincón de mi ropero; entonces vuelvo a mirarte antes de apagar la luz, y me digo para consolarme: -"Pero bueno hijo mío, aún tienes rostro de niño."

INGRID ZETTERBERG

Dedicado a mi amado hijo Raphael
en el año 1,985 cuando él tenía 12 años

Pan tierno

 


PAN TIERNO

Año 1,985

Hoy miraba una casita que tú habías dibujado, tenía la puertecita torcida, y los colores de tu infancia. En ese momento, me llené de nostalgia, y de la ausencia del mañana. Pues supe que algún día me hará falta la inocencia de tus manos, suaves, sucias y tiernas. Y no escucharé más en medio de la mañana,tu vocecita pequeña cantando una vieja canción de escuela.

Y en aquel tiempo te buscaré en las hondas pupilas, y en los rebeldes silencios. Y le preguntaré a mi cansado corazón: ¿Dónde se fue mi niña? ¿Dónde se me perdió? Y cuando llegue las siete de la noche, en nuestro dulce comedor no sonarán tus risas desdentadas, ni perseguirás a tus hermanos, ni habrá puré derramado en las alfombras.

Entonces será la hora más callada, más vacía; la hora de la espera. Y sabré que dentro de ti, a esa niña nunca volveré a encontrarla. Por esta nostalgia de mañana, yo quiero abrazarte ahora, que aún está fresco el dolor de mis entrañas. Que aún no te ha robado la vida, las canciones de tu boca. Por esta tristeza, hoy quiero saciarme de tu alegría, y del pan tierno de tus seis años.


INGRID ZETTERBERG

AÑO 1,985

Dedicado a mi amada hija Claudia

De tu mano

 


DE TU MANO

Madre, hoy te debo este mantel, sin pan; vacío de tazas rebosantes de
ternura y rezongos de tu voz...
Oscurece.

¡Si supieras el frío que esta tarde deambuló por mi casa!
Los niños murmuran en la sala delicias infantiles,que ya no encajan
en mi tamaño ser.
Pero aún me siento niña, porque me hace falta aquella vieja cocina, donde humeaba el pan de tu cansancio,porque murió el camino que recorrí de tu mano.

Madre, que importa si ya pasó el verano con su música; el invierno también suele regalarnos flores.


INGRID ZETTERBERG

Dedicado a mi amada mamá

(In memorian)



Orfandad

 


ORFANDAD

En una tienda de cualquier calle, de mi tiznada ciudad, un niñito andrajoso, casi desnudo, se acerca a una alta vitrina, a contemplar con lastimosa mirada, un pastel apetitoso,
y empinándose para ser visto, pregunta con temor:
-¿Cuánto cuesta ese pastel?-
Y una voz indolente le contesta: -"En la pizarra está el precio."- Y el pequeño que no sabe leer, todo ojos, todo tristeza, mira en derredor suyo, como buscando quién sabe qué.

Luego saca de sus mugrosos bolsillos, una moneda; una sola moneda de un sol: S/.1.00 y pregunta otra vez:
-¿Cuánto cuesta ese pastel?- Y una voz impaciente le responde: -"Cinco soles, muchacho, cinco soles,S/.5.00"-
Y el pobre niño apretando en su mano su única moneda de un sol, S/.1.00 se aleja cabizbajo hacia la calle, a sentarse en el dintel de alguna puerta, como si le pesaran demasiado los ocho años que lleva sobre su piel. 

En la oscura avenida, la gente va y viene distraída; los ómnibus echan su estela de veneno al pasar; y el vendedor de revistas se dispone a cerrar su puesto. Pero el chiquillo inadvertido para todos, se acurruca en una puerta de la noche, con hambre y sin niñez.

Apretado en su rincón, está llorando, aún tiene en su puño cerrado, la moneda de un sol,S/.1.00
Pasan bromeando los estudiantes. Los cansados obreros regresan a sus hogares, mientras las bocinas se remedan. Ruedan las colillas de cigarro, empujadas por el frío viento; un borracho solitario, se tambalea en una esquina, entre luces de avisos que parpadean.

Pero nadie ha visto al pequeño vagabundo, que no conoce mesa, ni cama, ni madre, y ahora ha dejado de llorar para dormirse con su hambre.

INGRID ZETTERBERG

Dedicado a los niños pobres
de Lima Perú

El ataúd blanco - De la vida real

 


EL ATAÚD BLANCO

¡Qué triste aquel sol que cubría la tarde! El viento iba despacio, secando algunas lágrimas, y un murmullo de pasos lentos me llegó desde lejos.
Eran siluetas de luto, llevando un ataúd blanco. Una niña rubia había muerto, en diciembre y de mañana.
Avanzaban en silencio, y se detuvieron en el "Parque de los pinos", donde agitara sus trenzas en un alegre y bullicioso corretear.

Pero estaba ya muy quieta, y se habían callado para siempre las preguntas de su boca.
Jugando con el revólver de su padre, y sus cuatro años inocentes, de pronto la sorprendió la muerte.
Su breve vida se esfumó en el sol del mediodía, cual burbuja de jabón delicada y transparente.
Estaba tendido el ataúd sobre el césped; habían muchos niños, mucha gente alrededor, y de pronto se distinguió entre todas, una figura femenina, toda vestida de blanco. Tenía los ojos en inalcanzable distancia. Parecía haber gastado todas sus lágrimas. -"Es la madre." se escuchó murmurar.

Tenía algo de digno su semblante, en aquella triste serenidad que Dios le daba a cambio; (quien ha sufrido tanto, tiene algo de grande), era como si estuviera rodeada de una luz gloriosa, como si se le hubiera ensanchado el alma. Y yo nunca he podido olvidar a esa madre. Aún ahora, después de tanto tiempo, al pasar por su puerta, siento vivo el terrible peso de su tristeza. Y yo me he visto a mi misma, llorando en aquellos ojos de madre.
Habían subido el pequeño ataúd a la carroza blanca; el sol declinaba ya, y la pobre mujer se encaminó al coche, pero ¡cuánto dolor arrastraba en su andar! Con los brazos vacíos, sin su ángel querido, se fue camino del cementerio, con un sufrimiento inexplicable en su mirada.
Mirada de madre que no he podido olvidar, porque me sigue lastimando.

INGRID ZETTERBERG

(Esto ocurrió en la vida real, muy cerca de mi casa, en 1,980)

Compañero de juego - De la vida real

 



COMPAÑERO DE JUEGOS


Julio, amigo, hermano, hoy estás en el ayer, con tu caja de cartón, repleta de juguetes; y ese beso tuyo sumiso, que impregnó mis cabellos con tu inocencia.
Bajo la tibieza del patio que nos vio crecer, y las paredes que despintó el tiempo, te he visto en mis visiones de otoño.

Llevabas mameluco rojo, botas cortas, y un terco penacho sobre la frente. Y jugabas conmigo entre tus trompos, canicas de colores y mis muñecas. Nuestros carnavales mezclados con nuestras risas, regresan a mí. Tus palomilladas, roturas de cabeza entre lágrimas, y mis rodillas raspadas, se desvanecen como los charcos bajo el sol de nuestra infancia.

Sólo me queda una vieja ventana, y mi rostro de niña angustiada, tras tus pisadas, que no regresaron del colegio una tarde. Oscureció luego, y a mi alma apretujada regresó la vida, cuando decidiste devolverle a nuestra larga escalera, tus pasos. Desde entonces supe que te quería, compañero, hermano, que solías leer conmigo historias y cuentos, y reir, reir... hasta ahogarnos.

Julio, tu nombre se desliza suave, desde mi corazón, y fluye solitario entre mis páginas, como un llanto.

INGRID ZETTERBERG

Dedicado a mi primo Julio,
compañero de mi infancia.

Cuento - El duende

 


EL DUENDE

Me encuentro caminando por una calle silenciosa y oscura. Voy abstraída en mis pensamientos, y de pronto escucho algo así como un silbido agudo y prolongado. A lo lejos hay un farol encendido, y siento que la curiosidad me atrae hacia aquella esquina, junto a la cual hay un frondoso árbol; al acercarme el ambiente se torna helado, (muy extraño por ser verano), esto me infunde temor; y de pronto alcanzo a vislumbrar una pequeña silueta que estaba escondida detrás del árbol.


Al principio creo que se trata de un niño, pero al instante descarto este pensamiento,...¡No!...me digo a mi misma, ¿un niño solo en la calle, y a estas altas horas de la noche? ¡Imposible! Al instante puedo ver su figura, está enteramente vestido de rojo, pero lo más impactante es su rostro avejentado y macabro.  Ensequida me doy cuenta que se trata de un duende, y me invade una oleada de pavor. Una voz interior me dice; ¡Aléjate y no lo toques! ¡es un demonio! ¡huye!
Entonces salgo velozmente, y cruzo un parque, pero mientras huyo, vuelvo la mirada hacia aquella espantosa criatura, y veo con sorpresa que de aquel árbol cae polvo dorado en abundancia, y ya el duende ha desaparecido.


Tiempo después me entero por medio de los vecinos, que ese parque era llamado: "El parque de los duendes", y que años antes habían sucedido en torno a esa esquina, cosas muy lúgubres; incluso en una ocasión encontraron allí el cadáver de una joven, que extrañamente tenía todo el cuerpo cubierto por un polvo dorado. Entonces comprendo que aquella noche la divina providencia me había librado de una muerte segura.


INGRID ZETTERBERG

Después

 



DESPUÉS...


Me preguntaban: ¿Cuándo vas a recoger tu lámpara que en el camino has olvidado? Y yo les contestaba: -"Después,
después, después..." Pero sus voces subían cada vez más alto, sacudiéndome la vida, el alma, los huesos.  Y me seguían preguntando: -"¿Cuándo vas a levantarte de entre la piedra y el polvo?" "Ya viene el día y el descanso, y el hundimiento de las sombras."

Entonces desperté, palpando con mis ojos y mi ser, el derrumbe de los hombres, y agitábase muy cerca el nacimiento de mil años. Cogí mi lámpara, y me eché a andar, y ya no hubo más después, porque ese "después" había llegado.


INGRID ZETTERBERG

Con mis alas heridas

  

CON MIS ALAS HERIDAS


("Conversando con Dios a la sombra de la acacia")- Año 1,996 -

¿Porqué me retienes? ¿Porqué aprisionas en tus manos mis pobres alas heridas? Déjame volar; quiero escapar hacia mis anhelos. Me han herido, es verdad, me han hecho daño. Mis latidos se debilitaron; mis ojos se entristecieron, porque destrozaron mi nidito, en el que yo habitaba con mi compañero. Él se ha ido muy lejos, y nunca volvió a encontrar el camino de regreso.

Aunque vivo con mis polluelos, ya mi nido no es un hogar, es sólo una habitación, es sólo una vivienda de paja deshilachada. Me prometiste que lo atraparías a él, y que detendrías su alocado vuelo, para aprisionarlo conmigo entre tus manos. Pero no lo veo a él, ni escucho su dulce canto, en cambio hay cuervos malvados que chillan a mi alrededor, dándome picotazos que me lastiman. Quiero escapar hacia él, y buscarlo entre las débiles ramas, que surcan el inmenso bosque del mundo.

Quiero ir hacia él, tropezando con mis alas heridas, quiero buscarlo entre los árboles, y preguntarle si aún habrá tiempo, para formar otra vez un nido de amor e ilusiones.
Pero tengo miedo, porque mis alas están muy lastimadas y al tratar de alzar el vuelo, desde tus manos hacia su pecho, puedo caer dando tumbos, y llegar al fondo de un abismo oscuro.

INGRID ZETTERBERG

Año 1,996

Recobrar la libertad...(Cuento)

RECOBRAR LA LIBERTAD Doña Hermelinda tenía 83 años y vivía sola desde que enviudó. Algunas veces venían a visitarla sus hijas. Y ella les co...